viernes, 7 de junio de 2013

La panadería

Hace tiempo, en mi juventud adolescente, escribí un cuento sobre una panadería, en la que, invirtiendo la narrativa de los Hermanos Grimm, aquí salían seres vivos de un horno casero. La magia del asunto, que ahora es recuerdo, es que seguramente hubo una influencia formativa (en mi secundaria aprendíamos a ser autosuficientes y uno de los talleres a los que asistía era precisamente el de Bakery). En ese texto, por cierto, valga decirlo, modestia aparte resulté ganador de un certamen literario delegaciónal, en el que participaban niños de todas las edades. Yo tenía casi la mayoría de edad, mis competidores no rebasaban los diez o doce años. Mi primera impresión al verme entre párvulos, fue, lo reconozco, algo desconsoladora, sí había ganado un concurso de cuento ilustrado, pero compitiendo quizás injustamente con pequeñas personas. Después supe que los niños que me acompañaban salían con sus colores y su experiencia en letras de donde antes en la escritura galardonada salía humo y pan. Suave en forma de infantes que gradualmente adquirían movimiento, inteligencia, estaban vivos y sabían escribir muy bien.

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