Entre tanto parpadeo llegó insólitamente,
Un defensor increíble de sus propias alucinaciones,
Intrépido como un ser que desafía sus pasos vino,
Abría su alegría como quien desenvuelve un regalo,
Ante el estupor de la primera mirada obscena,
Tira el papel y el artificio, deja que salgan los colores reales: nada.
Fue llamado para leer unas cuantas palabras que no podía entender,
Sin problema, se recostó sobre el césped recién podado,
La lluvia cosquilleaba su cara, mientras el libro del cielo arrojaba sus ideas sobre Él.
Entonces, tuvo que entrar de nuevo a escena,
Tiraba de las cuerdas frágiles que columpiaban simultáneamente sus recuerdos,
Irreverente vio como los planetas lo emboscaban y en un minuto,
Toda la eternidad se concentró dentro de una habitación de paredes lisas,
La rugosidad del infinito vació el lugar casi por completo.
Cerró sus ojos de lámparas con llamas en el centro,
Meditando devolvió hasta el primer aliento, su recitación era perfecta,
El ritmo de su corazón una obra maestra, la noche lo adoraba como el último resto de lo sagrado,
Indiferente se mantuvo en vilo, su sabiduría relató bruscamente el abismo hondo de donde nacía,
Espera la magia, superó el espanto, baila ahora a cada instante con sus miedos,
La canción está por comenzar, las suelas de los zapatos empiezan a sacar chispas,
El búho entra en acción. Duerman. Él lo sabe todo, aunque ustedes sigan suponiendo
Entre sábanas adúlteras que Atenas está lejos, o tan cerca como Manhattan.
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