¿Cómo venimos nosotros al mundo?
Solitarios o acompañados, como uno o como otro,
Como dos enamorados en la unidad dialógica,
Que se toman de la mano, miran al espejo y enrojecen,
Como dos iniciados en la pantalla mágica.
Venimos eléctricamente a la vida por un deseo invisible,
Anhelo de fantasía, felicidad, anarquía y plenitud.
Una pasión tremenda que se disfraza de posibilidad,
Y anida en el suelo nutricio de la verdad.
Un rayo sin trueno, insonoro que calla sospechas mundanas
y elige arrojarse sobre el aún bello e ignorado destino
que alienta el olvido e invoca a la muerte.
Rosa entre mil rosales diferentes y semejantes que se observan entre sí multiplicándose,
Autores de un centenar de heridas profanas que sanan sólo en el estío,
Que desgarran con tribulación la oportunidad de muchos héroes sin remedio,
A pesar de su inmortal número, sólo una en cualidad me entusiasma,
Quintaesencia que me inflama y sobrecoge placenteramente,
una flor que me sonríe y enseña la realidad refractada por óptica infinitas,
que me ve cerrando los ojos, que me oye a través de la lluvia
azúcar incendiada que edulcora la súbita salida,
cada gesto hermoso y brillante lleva originariamente su nombre y es espejo de su esencia,
por la niebla fantasmal que a ambos nos esconde adherida,
nos escinde para reencontrarnos y dejarnos en libre caída,
pues de dos es la deriva, que remonta el agapando,
como cualquier solitario, pero al fin náufrago doble
convertido en apuros, extraviado en la negruzca profundidad.
Hombre que se retuerce perdido como un pulpo enrollado por sus propios tentáculos
Y en esa animalidad luce distraído por la locura amable que lo conmueve,
Suelta un llanto inicial por el absurdo irrenunciable
y la boca del hambre inconsolable, no lo evade, no lo engaña.
Es un reino cuya población ha desaparecido engullida por sí misma,
Yace desértico a excepción del cielo terreno vuelto jardín milagroso.
Algunas veces su princesa camina alegre y desinhibida por la ribera encantada que la alimenta,
En ese nuevo edén glorioso que habitaron alguna vez las divinidades enfurecidas.
En ocasiones sólo está extenuada con un andar incomprensible que la delata,
Que paso a paso me aproxima a lo precioso e innombrable, pero también a lo trágico y terrible.
El príncipe encalla en una isla desconocida sin nativos aparentes,
Ella cree que no nota su secreta presencia,
pero hace mucho ruido, no sabe disimular,
y al querer traspasar la frontera anular
descansa sobre camas de tulipanes amarillos,
quiere confundirse con ellos, derretirse, transformarse,
él cree saber, desde el principio, burlar las apariencias,
aunque deba decirse que esa bondadosa perfección
que rebasa los horizontes mortales, se hace cardiaca,
está colindando llameante con una auténtica ilusión.
Los rodea una región que jamás duerme,
sonámbula vuela convirtiéndose en vapor,
comete el atrevimiento de ser linterna volátil
cuarzo impuro, estrella del norte, piedra virtuosa
de la que sólo se admira el errante marinero.
Trozo de universo alterado que descansa,
que da vueltas, que tropieza, que desmiente.
Alguien que todavía no es o es lo que todavía no es alguien
Surtido del sueño celeste por la fuerza de la voluntad,
invitado inoportuno al festejo de un principio cuyo nacer permanece inoculado.
Pero en el instante luminoso de aquel cubierto mundo de la verdad
es el día de la vigilia nocturna, para nuestros ciegos ojos, menos meditado,
tiempo en que el mar despierta con su oleaje alcohólico y tonificante aroma a sal.
Es un niño acariciado por la seda de la espuma que excita sus recientes epitelios
Mientras toca con su cándido, pero ingenuo, tacto la tibia arena del planeta extraño,
Tela que no es suya, pero donde él comienza a observarse, a reconocerse y a ser
Y así venimos inocentes, sin la navaja de la partición,
con el cosmos indiviso que aguarda con temor,
con la encomienda de ir integrando y diferenciando el ser.
Hilos sueltos que renueva al mundo
Viajan despavoridos rompiendo con el pasad
Devuelven absueltos la vida a la muerte
Y cierran la puerta del miedo que infunde
Si pudiera decir una sola sentencia,
Elevar por única vez la voz en su pureza
¿callaría o cantaría?
Un planeta se ha enamorado de una estrella
Ambos sin saberlo viajan a la velocidad de la luz
Un rapsoda es rodeado por la mujer más bella, el mundo verdadero
Ambos ignoran, más él que ella,
¿cómo olvidar los patrones?
¿cómo olvidar las preguntas?
¿qué cielo arrojará girasoles?
¿ya nadie necesita saber qué hora es?
¿se han suicidado todos los relojes?
Después de quedarme sin mirada, tú me la devolviste con fuego existiendo,
Cuando la verdad me abandonó para siempre, el amor se volvió finito,
y la eternidad aprendió de la resignación su partida,
Real como un suave acontecimiento que flota y retorno al mito
contemplé el cuerpo del enigma, el prisma de la esperanza.
Solitarios o acompañados, como uno o como otro,
Como dos enamorados en la unidad dialógica,
Que se toman de la mano, miran al espejo y enrojecen,
Como dos iniciados en la pantalla mágica.
Venimos eléctricamente a la vida por un deseo invisible,
Anhelo de fantasía, felicidad, anarquía y plenitud.
Una pasión tremenda que se disfraza de posibilidad,
Y anida en el suelo nutricio de la verdad.
Un rayo sin trueno, insonoro que calla sospechas mundanas
y elige arrojarse sobre el aún bello e ignorado destino
que alienta el olvido e invoca a la muerte.
Rosa entre mil rosales diferentes y semejantes que se observan entre sí multiplicándose,
Autores de un centenar de heridas profanas que sanan sólo en el estío,
Que desgarran con tribulación la oportunidad de muchos héroes sin remedio,
A pesar de su inmortal número, sólo una en cualidad me entusiasma,
Quintaesencia que me inflama y sobrecoge placenteramente,
una flor que me sonríe y enseña la realidad refractada por óptica infinitas,
que me ve cerrando los ojos, que me oye a través de la lluvia
azúcar incendiada que edulcora la súbita salida,
cada gesto hermoso y brillante lleva originariamente su nombre y es espejo de su esencia,
por la niebla fantasmal que a ambos nos esconde adherida,
nos escinde para reencontrarnos y dejarnos en libre caída,
pues de dos es la deriva, que remonta el agapando,
como cualquier solitario, pero al fin náufrago doble
convertido en apuros, extraviado en la negruzca profundidad.
Hombre que se retuerce perdido como un pulpo enrollado por sus propios tentáculos
Y en esa animalidad luce distraído por la locura amable que lo conmueve,
Suelta un llanto inicial por el absurdo irrenunciable
y la boca del hambre inconsolable, no lo evade, no lo engaña.
Es un reino cuya población ha desaparecido engullida por sí misma,
Yace desértico a excepción del cielo terreno vuelto jardín milagroso.
Algunas veces su princesa camina alegre y desinhibida por la ribera encantada que la alimenta,
En ese nuevo edén glorioso que habitaron alguna vez las divinidades enfurecidas.
En ocasiones sólo está extenuada con un andar incomprensible que la delata,
Que paso a paso me aproxima a lo precioso e innombrable, pero también a lo trágico y terrible.
El príncipe encalla en una isla desconocida sin nativos aparentes,
Ella cree que no nota su secreta presencia,
pero hace mucho ruido, no sabe disimular,
y al querer traspasar la frontera anular
descansa sobre camas de tulipanes amarillos,
quiere confundirse con ellos, derretirse, transformarse,
él cree saber, desde el principio, burlar las apariencias,
aunque deba decirse que esa bondadosa perfección
que rebasa los horizontes mortales, se hace cardiaca,
está colindando llameante con una auténtica ilusión.
Los rodea una región que jamás duerme,
sonámbula vuela convirtiéndose en vapor,
comete el atrevimiento de ser linterna volátil
cuarzo impuro, estrella del norte, piedra virtuosa
de la que sólo se admira el errante marinero.
Trozo de universo alterado que descansa,
que da vueltas, que tropieza, que desmiente.
Alguien que todavía no es o es lo que todavía no es alguien
Surtido del sueño celeste por la fuerza de la voluntad,
invitado inoportuno al festejo de un principio cuyo nacer permanece inoculado.
Pero en el instante luminoso de aquel cubierto mundo de la verdad
es el día de la vigilia nocturna, para nuestros ciegos ojos, menos meditado,
tiempo en que el mar despierta con su oleaje alcohólico y tonificante aroma a sal.
Es un niño acariciado por la seda de la espuma que excita sus recientes epitelios
Mientras toca con su cándido, pero ingenuo, tacto la tibia arena del planeta extraño,
Tela que no es suya, pero donde él comienza a observarse, a reconocerse y a ser
Y así venimos inocentes, sin la navaja de la partición,
con el cosmos indiviso que aguarda con temor,
con la encomienda de ir integrando y diferenciando el ser.
Hilos sueltos que renueva al mundo
Viajan despavoridos rompiendo con el pasad
Devuelven absueltos la vida a la muerte
Y cierran la puerta del miedo que infunde
Si pudiera decir una sola sentencia,
Elevar por única vez la voz en su pureza
¿callaría o cantaría?
Un planeta se ha enamorado de una estrella
Ambos sin saberlo viajan a la velocidad de la luz
Un rapsoda es rodeado por la mujer más bella, el mundo verdadero
Ambos ignoran, más él que ella,
¿cómo olvidar los patrones?
¿cómo olvidar las preguntas?
¿qué cielo arrojará girasoles?
¿ya nadie necesita saber qué hora es?
¿se han suicidado todos los relojes?
Después de quedarme sin mirada, tú me la devolviste con fuego existiendo,
Cuando la verdad me abandonó para siempre, el amor se volvió finito,
y la eternidad aprendió de la resignación su partida,
Real como un suave acontecimiento que flota y retorno al mito
contemplé el cuerpo del enigma, el prisma de la esperanza.
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