Es malvado el principio. Total porque nos come con rapidez o nos vomita con lentitud. Enferma, contagia, posterga y mata. Se mueve a una velocidad que no percibe ningún sentido, por eso debe inventar una nueva vista, un nuevo olfato, un nuevo oído, un nuevo tacto, un nuevo gusto. La armonía no pasa, sino que permanece. Para los antiguos ojos la luz se estanca, pero para los modernos ésta hierve prometiendo conjuros a los habitantes del color. La primera letra no sabe nada. Arrolla de forma inteligente nuestra imaginación inventando la primera palabra, sin pronosticar la insolación diurna y la escritura de la historia, se apaga el ambiente y pronto deja de respirar el grafito, la tinta se congela y las curvas empiezan a derretirla. El sueño del viajante somete al demonio generador de ilusiones. Desviando su ruta hacia ningún lugar, ese vacío que pregunta por el final y que responde con visiones de otro mundo siempre intempestivamente, se desmaya y luego despierta con hambre de nuevo. La espiral lo hace existir, subir y descender, eso significa jugar en serio. Por eso el cero contradice, el límite sirve de razón para seducir a la próxima línea que desbordará la duda. Entonces, es cuando las noches se pintan de blanco, y las aves vuelven a enamorarse, regresan a la nada que es infinito, sin saber si alguna vez nacieron o si, acaso, pueden un instante más sobrevivir.
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